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“Escribo rápido, pero pienso despacio” – El Nuevo Liberal


11:00 am 09-noviembre

Así describe Juan Cárdenas su proceso creativo a la hora de escribir una novela. Este escritor y traductor payanes se ha constituido en los últimos años como una de las voces literarias más importantes de Latinoamérica. Cárdenas es uno de los escritores invitados a <> para presentar su más reciente libro titulado ‘Elástico de sombra’.

Por: Olga Lucía Volverás Ocampo

‘Periodista Popayán Ciudad Libro’

Juan Cárdenas es un escritor y traductor caucano, nacido en Popayán en 1978. Foto tomada de: https://www.revistaarcadia.com/impresa/literatura/articulo/obra-juan-cardenas-escritor/41879

‘Elástico de sombra’ es una búsqueda de las raíces de una práctica olvidada pero significativa para las comunidades negras del norte del Cauca.

El diablo es un concepto presente en varios de los libros escritos por Juan Cárdenas.

‘Ornamento’ es la narración de un asesino en serie.

En ‘Los estratos’, Cárdenas utiliza la idea del extrañamiento como estrategia para generar fuerza en los saltos temporales.

‘Zumbido’ es la primera novela publicada por Cárdenas en el 2010.

Juan Cárdenas inició su relación con el mundo editorial realizando traducciones. Este oficio no solo le permitió sostenerse económicamente sino establecer ciertas dinámicas de escritura que lo fueron entrenando para el momento en que empezó a publicar sus propios libros. Fue en el 2006 cuando publicó el libro de relatos “Carreras delictivas” y en el 2010 salió su primera novela titulada ‘Zumbido’.

Para Cárdenas traducir ha sido como su escuela en el mundo literario, así lo expresa: “Todo lo que signifique tratar de reproducir un texto en el idioma de recepción es un ejercicio de violentar la lengua, y es en ese mismo ejercicio donde se aprende la extranjería. El lenguaje es extranjero y el de la literatura más, bien decía un escritor que los libros hermosos suelen estar escritos en una lengua extrajera. Entonces para mí la traducción es el encuentro con ese carácter no accidental sino esencial del lenguaje literario, además, el hecho de llevar un texto escrito en otro idioma a la lengua que se supone uno domina (lengua materna), significa un reto, porque hay que hacer que lo extraño parezca normal”.

‘Los estratos’ es la segunda novela escrita por Cárdenas y publicada por Editorial Periférica en España. Así describe este libro el escritor y periodista caucano Juan Carlos Pino Correa: “De más está mencionar la calidad y rigurosidad narrativa, y no porque Juan sea payanés sino porque se hace cada vez más evidente que su recorrido en el mundo literario europeo le está dando consistencia a su obra. Podría afirmar que Los estratos tiene el mismo aire, el mismo tono, un ritmo similar que Zumbido, la anterior novela de Cárdenas. Si me lo preguntan diré que en ambos libros la protagonista es la intemperie. La de los personajes que ha creado el autor, por supuesto, y la que él sugiere nos gobierna a todos, sin distingo de raza, sexo, estrato o religión. Quizá sea por ello que aquí también el personaje principal no tiene un rumbo fijo sino que se deja llevar por sus instintos, por sus emociones, por sus inercias”.

Si en Zumbido el detonador para dar un salto hacia lo desconocido sin saber qué va a suceder en adelante es la muerte de un ser querido, en Los estratos es un recuerdo que parece concretarse pero en seguida se hace evanescente. Y luego el devenir incierto, lo impensado, alguna insensatez, o muchas. Es decir, la vida.  “La vida en Los estratos fluye como un río aparentemente apacible, como un constante estremecimiento interior. El lector no encontrará quiebres inesperados ni giros espectaculares. La elocuencia está en la sencillez de las cosas, de la cotidianidad, de aquello que de tan simple puede suceder en cualquier momento. Esa es la razón por la cual sentí como parte de la novela al señor que hacía malabarismos frente a mi ventana, en el techo de la casa vecina, intentando coger las goteras después de una mañana de lluvia”.

Los estratos es una novela que está entretejida por varios textos e historias, así lo cuenta Cárdenas: “Mi abuela, que para mí es una fuente fundamental de historia, de relatos orales y de material, estaba una vez reparando un tocador de su casa que se había roto, y cuando desmontaron el espejo para cambiarlo, detrás había unos periódicos de los años 30 que estaban en mal estado y se caían a pedazos. Por esa misma época cuando yo iba a Colombia, porque viví en Madrid muchos años, aprovechaba y grababa mucho a la gente, porque como no era mi inmersión lingüística cotidiana, yo trataba de grabar todas las conversaciones.

Me ponía a veces a tomar cervezas en tiendas, la gente se ponía a conversar y yo ponía una grabadora. A partir de eso empecé a hacer muchas transcripciones y a emplear la técnica cut up (o de recortes), como William Burroughs, entre los periódicos que tenia de 1930 y conversaciones que yo había grabado. Salieron textos raros, y muchos de esos forman parte de lo que quedó finalmente del tejido de los estratos, pero en el momento que lo hice no sabía que lo hacía para esa novela, fue con los años que fui entendiendo que era lo que pasaba, por qué me interesaba mezclar el lenguaje oral de ahora con el lenguaje artificial y acartonado que tenían los periódicos de los años 30 que eran típicamente burgueses”.

Cuestionar la homogenización social y los parámetros que se han establecido culturalmente es una de las características que enmarcan los textos de Juan Cárdenas. En su novela “El diablo de las provincias” coloca sobre la mesa temas tan controversiales como la noción de éxito y fracaso, la homosexualidad, la muerte. A continuación un fragmento de dicha novela:

“En vísperas de la semana santa, el aire de la ciudad enana se recalentó de golpe y a los guayacanes del parque les dio por florecer antes de tiempo, animados por ese soplo de bochorno que era más propio de los meses de verano. El aire se esponjaba lento y musculoso como un pan demasiado leudado, y en el billar alguien se había levantado muy temprano a tacar unas carambolas, en medio de la mugre y las colillas, y el olor a cerveza de la noche anterior. Desde la calle se alcanzaba a oír el sonido de las bolas chocando unas con otras y las voces mañaneras de un radio de pilas. El hombrecito que vendía gelatina de pata en la esquina de la torre del reloj se dio cuenta de que el volcán estaba despejado, libre de las nubes que lo mantenían oculto casi siempre y tuvo la gentileza de compartir la visión con uno de sus clientes.

Sobre la cima había manchitas de nieve sucia, observaron. Otro cliente vio un platillo volador bajando al cráter. Las frutas en el mercado querían pudrirse a toda velocidad y ser arrojadas al basurero, donde serian comidas por los cerdos y los caballos. El agua del río dudaba arrepentida, y por momentos se remolinaba para tratar de devolverse quién sabe a dónde. Las semillas de algunos árboles caían al suelo con un ruido amenazante (trac, troc, trac, troc) y dejaban abolladuras en algunos carros parqueados a su sombra. Olía a verano prematuro y de pronto alguien tiritaba por un frio inexplicable que soplaba desde las profundidades de un infierno de hielo, desconocido hasta ahora para la ciencia.

Los nuevos bloques de apartamentos desechables abrían las ventanas a todas estas fuerzas antigua y modernas. Eran molinos de vientos sin aspas, molinos de cien ojos ciegos, torres de vigilancia cuadrilongas y semi vacías, apenas habitables, en cuyo interior unas manos oscuras ya amasaban las primeras arepas de la creación. Un hongo fotosensible en la pared de la cocina insistía en recordar que había la vieja alquimia de la fotografía.

Los nuevos paisajes nacían y morían precozmente alrededor de las retroexcavadoras. El clima era delicioso, catastrófico y perfecto, y bajo la presión del nuevo régimen narrativo que exigía contar solo el comienzo de todas las historias, las arañas habían olvidado como tejer sus redes. La corteza de los árboles producía venenos azucarados que atraían a una avispa amarilla venida del año pasado, desde el noroeste de Brasil. El biólogo entró a la pieza de su hermano y empezó a seleccionar las camisas, los pantalones y los zapatos. Delante del espejo se probó todas esas prendas”.

En diversas entrevistas, Cárdenas a mencionado que escribe rápido, pero piensa despacio. Esta frase alude a que, en pocos años, este payanes ha publicado ocho libros que lo han llevado a consolidarse como una de las voces latinoamericanas más importantes en el mundo literario, sin embargo, los temas sobre los que ha escrito los ha pensado e investigado durante mucho tiempo, lo que le ha permitido tener claridad a la hora de plasmar sus ideas a través de las letras. “Yo leo, investigo y le doy vueltas al tema, hasta que llega un momento en el que más o menos siento que es el momento de sentarme a escribir. Por lo general estoy metido en tres o cuatro proyectos de libros a la vez, pero al final siempre hay uno que termina interesándome más que los otros, y a ese es al que me dedico”, afirma Cárdenas.

Cárdenas también sostiene que dedicarse a escribir significa enfrentarse a diversas dificultades no solo de tipo económico sino de censura, entre otras. Es por esto que él se siente afortunado de encontrar espacios donde puede hacer lo que quiera, como por ejemplo en la editorial española “Periférica”, con quienes ha publicado diversos títulos. “Para mí la literatura siempre ha sido un espacio donde todo lo conceptual se lleva a un límite, como si fuera una materia que no se puede acercar al fuego porque se empieza a encender”, asegura el escritor payanes.

El más reciente libro publicado por Cárdenas, el cual se presentará en la segunda versión de Popayán Ciudad Libro, se titula “Elástico de sombra”. Esta novela, cuyo tema central es la esgrima de machete y bordón, un arte marcial practicado en varios municipios del norte del Cauca, está construida a partir de relatos orales que llevan al lector a una búsqueda de las raíces ancestrales de una práctica propia de la comunidad negra de esta región. Así la describió Cárdenas para el laboratorio de medios periodísticos Co.marca: “La novela gira en torno a un arte marcial afrocolombiano, la esgrima de machete y bordón, que, pese a sus orígenes inciertos, tiene evidentes similitudes con muchas artes marciales de la diáspora africana en todo el Caribe. No obstante, la práctica tiene un importante rol en la consolidación del papel de los negros caucanos en la vida republicana nacional, un papel que el relato de la historia oficial tiende a soslayar, pues los afrocaucanos fueron la clave del éxito del Partido Liberal durante la segunda mitad del siglo XIX, tanto en las guerras civiles como en su popularización entre los sectores más desprotegidos de la sociedad colombiana. Los negros fueron republicanos plebeyos, actores fundamentales de una forma de hacer política desde abajo. La novela se llama Elástico de sombra, que es el nombre de un juego de esgrima perdido que ya nadie sabe ejecutar. Dos veteranos macheteros, Miguel y don Sando, salen a recorrer el departamento del Cauca en busca de aquel juego y, en el transcurso de su viaje, viven toda clase de aventuras y peripecias”.

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