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Francisco Miranda ‘Un aniversario agridulce’ | Opinión


Un día como hoy, 9 de noviembre de 1989, miles de alemanes orientales llegaron a los puntos de control en Berlín y los guardias tuvieron que dejarlos cruzar. En pocos días el Muro, construido en 1961 en medio de la capital germana para separar la Alemania Occidental capitalista de la Oriental comunista, caería destruido por los mismos ciudadanos.

El Muro de Berlín representó por décadas la separación no sólo del pueblo alemán, sino del mundo en la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Su caída marcó la reunificación de los alemanes y el desmonte tanto del bloque de países de la Cortina de Hierro como de todo el imperio comunista de Moscú.

Además, constituyó una victoria de la libertad, la democracia liberal y de los mercados. Francis Fukuyama lo llamaría ‘el fin de la historia’. La década de los noventa empezaría con optimismo y amplio consenso mundial sobre las ventajas de un sistema económico capitalista y de libre mercado a la par de un aparato político representativo y basado en libertades.

Treinta años después de la caída del Muro de Berlín son muchas las lecciones que la Historia ha dejado. Este trigésimo aniversario tiene un sabor agridulce ya que el planeta vive un contraataque de las fuerzas iliberales y autoritarias. Si bien Alemania logró unirse de nuevo y convertirse en el motor económico de Europa, aún hay brechas con los estados orientales que se refleja en descontento y en el surgimiento del populismo.

Los países de la antigua Cortina de Hierro, liberados como consecuencia del fin del Muro, adoptaron el credo capitalista y desplegaron reformas liberales. Pero algunas de esas naciones son hoy gobernadas por partidos nacionalistas y antiinmigrantes.

Ese consenso liberal, capitalista y democrático de 1989 está hoy bajo ataque, incluso en su propio corazón, Washington. Estados Unidos bajo la era de Donald Trump está lejos de la doctrina de promoción de la libertad de Ronald Reagan cuando dijo: “Señor Gorbachev, eche abajo ese muro”.

Las economías que lideraron esa defensa de las libertades y los mercados hoy, tres décadas después, enfrentan la rabia de quienes se quedaron atrás, de los rezagados de la riqueza generada en estos 30 años. Esa rabia es el combustible contemporáneo que empuja a levantar más muros.

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