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Negociar y conversar /Editorial/ Francisco Miranda | Editorial | Opinión


Ayer el Gobierno del presidente Iván Duque les hizo un llamado a los promotores del paro para sentarse a dialogar y sugirió suspender una nueva jornada de protesta convocada para mañana, 4 de diciembre.

Este anuncio de la Casa de Nariño, hecho por el secretario general de la Presidencia Diego Molano, marca un cambio en la estrategia gubernamental frente a las casi dos semanas de marchas ciudadanas contra el Gobierno.

Hasta ayer la respuesta oficial a las protestas había sido la convocatoria a un mecanismo de diálogo social que bautizaron la “Conversación Nacional”. Prácticamente toda la semana pasada, el presidente Duque recibió en la Casa de Nariño a diversos representantes sociales para hablar de una agenda acotada mientras los sectores detrás del paro pedían un diálogo directo con el Ejecutivo.

La concesión de ayer de Duque al paro genera automáticamente dos instancias de diálogo: una tradicional con el comité organizador del paro y una, la “Conversación Nacional”, aún en estructuración y en teoría orientada a una base social mucho más amplia.

Al momento de escribir este editorial, los promotores del paro aún no habían respondido al llamado presidencial ni había claridad sobre si la jornada de mañana se suspende o cambia su naturaleza.

Los dos espacios de diálogo- que podrían encontrarse en un futuro- tienen ritmos, agendas, actores y objetivos diferentes. Mientras los impulsores del paro esgrimen un pliego específico de 13 puntos que afectan distintas políticas del Gobierno, la “Conversación Nacional” apunta a una discusión más estructural sobre una gama más amplia, aunque acotada, de temáticas.

Mientras los promotores del paro representan bloques sociales y políticos opositores al Gobierno Duque, la “Conversación Nacional” arrancó convocando a sectores adicionales.

En otras palabras, mientras la naturaleza de los organizadores del paro es legítimamente política, la vocación de la “Conversación” es más social y apunta a canalizar el evidente descontento generalizado que estas protestas han sacado a la superficie.

No obstante, la decisión del Gobierno de apostarles a estas dos vías de diálogo ofrece tanto desafíos como oportunidades.

El primero de los retos es el dilema de buscar la confluencia de ambos espacios o mantener las dos vías paralelas. Es importante tener en cuenta que negociar un paro no es equivalente ni se maneja igual que la búsqueda de canales para el malestar social. El descontento no viene con manual de instrucciones ni se enfrenta de manera idéntica en todas las sociedades.

Un segundo desafío se relaciona al momento en que el Gobierno abre esta puerta. Tras unos días iniciales de confusión, en los que tanto el Gobierno como los promotores del paro fueron superados por la magnitud de las expresiones ciudadanas, la estrategia de Duque de abrir la vía de la “Conversación” puso de relieve la representación limitada de su contraparte. Tanto fue así que la ministra del Interior trinó en su cuenta de Twitter un “No Pudieron” que enardeció a los opositores.

Por unos días, paro y “Conversación” pulsaron por convertirse en el espacio para el trámite de las demandas de la protesta –las específicas del paro y las generalizadas del descontento–. La decisión del Gobierno oficializa a ambas en ese papel.

De hecho, la primera línea de la Casa de Nariño tendrá que desdoblarse para manejar estos dos frentes: uno de negociación y otro de diálogo. Negociar y conversar en simultánea es un desafío político, metodológico y comunicativo del máximo nivel para el Gobierno. Por ahora el Ejecutivo ha optado por estrenar el camino del diálogo con el paro alrededor obviamente de sus puntos específicos. Mañana sabremos si logró sacar gente de las calles.

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