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¡Tumben el muro! /Opinión/ Mauricio Reina | Opinión


Mañana se conmemoran 30 años de la caída del Muro de Berlín, el episodio que selló el final del mayor experimento socialista que ha habido sobre la tierra. Con seguridad habrá miles de testimonios sobre lo miserable que era vivir en economías centralmente planificadas, sobre la desolación de aguantar los abusos de regímenes totalitarios y sobre la alegría que representó para cientos de millones de personas el poder vivir al fin en libertad.

Pero así como habrá manifestaciones celebratorias por la muerte de los modelos que favorecen las economías conducidas por el Estado, habrá otras que propenden por su resurrección. Como tantas otras cosas de la vida, el curso de la ideología económica dominante parece guiado por un péndulo que así como va, viene.

Agárrense bien, porque el movimiento del péndulo es vertiginoso. Tras la caída del Muro, vinieron el Consenso de Washington y al auge de la globalización, que pusieron de manifiesto el potencial que tienen el libre mercado y la iniciativa privada para generar crecimiento económico.

Sin embargo, a medida que avanzaba ese proceso, también fueron quedando claras las limitaciones que tienen esas dos fuerzas para garantizar por sí solas la distribución equitativa de la riqueza y el avance equilibrado de la sociedad.

Con el paso del tiempo, la manifestación de esas limitaciones se fue convirtiendo en terreno fértil para proyectos populistas que propenden por el nacionalismo, el proteccionismo y la mayor intervención estatal en la economía, como lo muestran variantes vernáculas de alcances aún inciertos como la que ha estallado en Chile.

Quien no conoce la historia está condenado a repetirla, y la revisión de lo sucedido en los últimos años debería dejarnos un par de lecciones. Por un lado, el aniversario de la caída del Muro nos sirve para recordar el horror económico y social que vivió Europa Oriental antes de esa fecha, y para confirmar que el Estado no es un buen gestor empresarial y que los mercados excesivamente intervenidos producen ineficiencia, corrupción y pobreza.

Por otro lado, las protestas recientes contra la globalización y los excesos neoliberales nos enseñan que el crecimiento no lo es todo, que la reducción de la pobreza no basta, y que es fundamental propender por una mayor equidad en la distribución del ingreso y el acceso a oportunidades de progreso.

Como sucedía en muchos textos clásicos de economía, en este caso la esencia del problema radica en el crecimiento y la distribución: uno puede tener un ponqué pequeño, repartido al milímetro, o puede tener un ponqué mucho más grande, pero mal repartido.

Pero hay una tercera opción, que es el mejor de los mundos: propiciar las condiciones para tener un ponqué grande, producto de la iniciativa privada en un mercado libre, con activas políticas redistributivas de parte del Estado que trasciendan el asistencialismo clientelista.

En el vecindario están creciendo los cantos de sirena, pero no hay que perder el rumbo. El mejor de los escenarios sigue estando a nuestro alcance, y el camino está por el centro.

Mauricio Reina
Investigador asociado de Fedesarrollo.
mauricioreina2002@yahoo.com

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