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Un abuso del derecho | El Nuevo Liberal


09:11 am 28-agosto

HAROLD MOSQUERA RIVAS

hamosri@hotmail.com 

Luego de tomar un taxi de los amarillitos sobre la carrera 8 con calle 5, le pedí al conductor que me llevara al barrio Ciudad Jardín, ya en el trayecto, recordé que necesitaba retirar un dinero en el cajero del banco que esta frente a Comfacauca, pedí el favor la taxista de hacer la parada para realizar el retiro en cuestión de uno o dos minutos, antes de parar el conductor me dijo, esto ya es otra carrera, por el afán de realizar el retiro no discutí con él, pero al regresar al taxi, le pedí que me explicara, por qué razón era otra carrera, el hombre con cara de enojado, contestó que al pedirle una parada, se generaba otra carrera. Entonces le manifesté que me parecía que estaba abusando de su derecho, pues en 37 años que llevo viviendo en Popayán no me había sucedido algo igual, pues mientras yo estaba retirando el dinero, el taxímetro podía seguir marcando, por tanto no deberían ser dos carreras.

Al final del recorrido, igual me tocó pagarle los 8 mil pesos, pues el hombre, una vez llegué a mi destino, dijo que eso era lo que le debía. Le pagué la cantidad por él reclamada, pues el problema no eran los 4 ml pesos de más, la cuestión era el aprovechamiento indebido de la situación a su favor, quizás motivado por tanta competencia ilegal que tienen los amarillos en Popayán y el resto del país.

Pero la ilegalidad de algunos no pude conducir a la arbitrariedad de los otros, pues de hecho, a veces uno siente como que en Popayán hacen falta taxis amarillos, sobre todo para quienes no somos capaces de utilizar un servicio ilegal, en ocasiones durante las horas pico, he esperado hasta 90 minutos por un taxi legal, mientras cada 2 o tres minutos pasa por mi lado una motocicleta ofreciendo el servicios. Creo que nuestro próximo alcalde o alcaldesa, deberá encontrar una solución a la problemática del transporte público en la Ciudad Blanca, pues mientras unos reclaman el ejercicio de su derecho al trabajo, los otros reclaman el imperio de la ley y al final las autoridades terminan en el medio sin resolver el problema, que cada vez es mayor, pues la movilidad en Popayán se ha convertido en un dolor de cabeza, parodiando la canción del Gran Combo de Puerto Rico, no hay calle pa’ tanto carro.

No obstante lo sucedido, debo reconocer que los taxistas de bien, los respetuosos y amables, los que devuelven las cosas que los pasajeros olvidan en sus vehículos, siguen siendo la mayoría, los mismos que se quejan con el pasajero, que opinan de política, que comentan los acontecimientos deportivos, que atacan defienden los gobiernos locales y el nacional, que hablan de las mujeres bonitas que el destino pone en su camino, que dan fórmulas o remedios caseros y mágicos para cualquier mal del que se queje el usuario, que primero guardan la entrega que deben hacer al dueño, luego hace lo de la gasolina y la lavada del carro, para finalmente esforzarse por conseguir o necesario para el sustento de su hogar. Hay que reconocer que los buenos son muchos más. Sin embargo, basto un abusivo para justiciar el presente artículo. Mis respetos para todos los taxistas de bien, que con su humilde trabajo contribuyen al progreso de nuestra ciudad.

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